Dijeron que cuando nació no era dulce...
Que con el paso del tiempo se hizo más miel que azucar, pero como con almibar...
Nunca muy dulce, pero con el punto justo para distinguirla de las personas avinagradas...
Decía que ella no era de dulce, que ya tenía suficiente miel con ella misma....
Dijeron que cuando reía había vida en sus ojos, que tenía una sonrisa preciosa aunque le faltara algún minusculo diente de los suyos que nunca caían...
Dijeron que tenía vida interior, tanta que nunca paraba de reír y ser entusiasta...
Un día, la miel se disolvió en agua... y con ello todo el azucar y el almibar...
Su madre un día le preguntó donde había metido la miel... que ya no la veía ni en sus ojos...
Ella muy seria y totalmente segura de lo que decía respondió:
-La miel se fue por el lavabo disuelta en agua... se cargaron el panal y todo lo que eso significa, la miel la arrancaron gota a gota de mi, la enterraron y nunca más se supo.
La madre perpleja suplicó por dios que recuperara otra vez su miel, pues era lo que le hacia ser como era, ser una persona especial...
De nuevo la hija respondió muy convincente:
-No se ya como volver a recuperarla, ¿como pegas algo a lo que le faltan los trozos? ¿como recuperas algo que te han arrebatado? Simplemente, no está... puede que quede algo, pero ya nunca más volverá a ser miel, ni la sombra de lo que fue... todos sacaron cucharadas mamá, y yo no quiero verla más, me hizo vulnerable ante los osos...
Y la madre ya no volvió a contestar... dio media vuelta y salió de la cocinacon una lágrima de almibar, de ese que ya nunca más se recupera, el que hace que seas en un principio como eres y que llores o rías según que cosas... su pequeña niña de miel y almibar habia muerto...
